miércoles, 19 de marzo de 2014

Reseña: White Hot Kiss - Jennifer L. Armentrout

Título: White Hot Kiss
Serie: The Dark Elements #1
Autora: Jennifer L. Armentrout
Editorial: Harlequin Teen
Género: Young Adult - Paranormal
Fecha de Publicación: 25 de febrero de 2014
Sinopsis: Un beso podría ser el último.
Layla, de diecisiete años, sólo quiere ser normal. Pero con un beso que mata a cualquiera que tenga alma, ella es cualquier cosa menos normal. Mitad demonio, mitad gárgola, Layla tiene habilidades que nadie más posee.
Criada entre los Wardens —una raza de gárgolas que tienen la misión de cazar demonios y mantener a la humanidad a salvo— Layla intenta encajar, pero eso significa esconder su lado oscuro de aquellos que más ama. Especialmente de Zayne, el Warden increíblemente hermoso y completamente fuera de su alcance, y del que ha estado enamorada desde siempre.
Entonces conoce a Roth, un demonio pecaminosamente atractivo y tauado que dice conocer todos sus secretos. Layla sabe que debería permanecer lejos de él, pero no está segura de lo que quiere, especialmente cuando todo el asunto de "no besos" no es un problema, ya que Roth no tiene alma.
Pero cuando Layla descubre que ella es la razón del violento levantamiento demoniaco, confiar en Roth puede no sólo puede arruinar su oportunidad con Zayne... podría convertirla en una traidora para su familia. Peor aún, podría convertirse en un boleto sin regreso hacia el fin del mundo.

Reseña


Layla es mitad demonio mitad gárgola. Siempre se ha sentido un poco fuera de lugar en su clan de Wardens porque tiene que esconder su lado demoníaco y porque muchos de estos no la aceptan. Y entonces un día en la escuela se encuentra con un atractivo demonio que parece conocer mucho sobre ella. Y es ahí cuando las cosas cambian, porque mientras comparte besos calientes con el sensual Roth, su historia real saldrá a la luz y los problemas comenzarán. Al parecer Layla es mucho más de lo que ella alguna vez creyó.

Layla es una típica protagonista salida de la pluma de esta autora: guapísima pero sin cinco de autoestima (porque tener autoestima es el mal *rolls eyes*), inteligente, virginal (obvio), tímida, valiente y tan especial que el destino del mundo recae en sus manos. Layla es tan perfecta que termina siendo un personaje de lo más insulso y aburrido. Es especial y perfecta porque la autora lo dice, pero en realidad jamás demuestra su valía. No es valiente ni una badass porque siempre hay un chico ahí para salvarla, y no es muy inteligente porque dice y hace cada cosa que demuestra lo contrario. De verdad no pude con este personaje, es muy cliché, y perfectamente aburrido. Y ya que la historia es contada desde su punto de vista, la lectura se me hizo lenta, aburrida y bastante irritante.

Por otra parte está Roth, el héroe de turno. El chico malo que también es muy típico. Roth es guapo y sensual, y a diferencia de la parte femenina de la historia, él sí tiene una autoestima y un ego enorme, y a primera vista sabe que la protagonista se muere por él *rolls eyes*. Pero para mí no es más que un superficial demasiado imbécil y cocky, y que sólo abre la boca para hacer indirectas sexuales. Definitivamente el personaje masculino tampoco logró conquistarme, y cada vez que Layla y Roth tenían un momento a solas y conversaban, yo no podía evitar gruñir internamente.

Pero además de los personajes con los que no pude conectar, este libro cuenta con un triángulo amoroso. Layla empieza el libro enamorada de Zayne (un Warden que tiene "chico bueno" marcado por todos partes), pero no puede besarlo porque él tiene alma y ella la succionaría. Entonces aparece Roth y con él sí puede morrearse besarse, así que se olvida, con mucha rapidez, de Zayne. Entonces Zayne termina siendo sólo una razón más para acercar a Roth y Layla, y jamás se profundiza en el personaje (ni en los Wardens, ya puestos).  De verdad me molesta muchísimo los triángulos amorosos, y más cuando son como estos, donde la autora sólo usa a uno de los personajes, pero no se esfuerza en darle importancia.

En cuanto a los personajes secundarios, son irrelevantes. Los personajes masculinos están en la historia para 1) amar y desear a Layla, o 2) odiarla y atacarla porque ella es muy especial; y las chicas están en este libro para 1) ser unas zorras o 2) ser unas malas personas a las que debemos odiar. La autora no profundiza ni parece darle importancia a los personajes secundarios más allá de ponerlos a girar alrededor de Layla.

El slut-shaming aquí me ha causado mucha molestia. La autora se esfuerza por mostrar a Layla como la hermosa chica virginal, mientras que todas las otras mujeres a su alrededor son zorras que se visten con cosas demasiado pequeñas (Stacy, la "mejor amiga" de la protagonista), o unas malas personas que no comprenden a Layla y le quieren quitar a uno de sus chicos (Danika, una Warden que parece interesada en Zayne). Esto de verdad me enojó mucho.

It was a lab day. We were partnered with Roth, much to Stacey’s delight. Surprisingly, he ignored me for most of the class and chatted with Stacey. She told him everything except her bra size, and I sincerely believed that if the bell hadn’t rung, she would have told him that, too.

Uno de los puntos positivos es cuando la autora deja de lado los besos y la "tensión sexual" entre los protagonistas, y se dedica a desarrollar el argumento paranormal. Aunque la historia de los Warden no se desarrolla tan profundamente como hubiese querido, la historia demoníaca sí lo hace, y hay algunos momentos de acción y unos pocos diálogos divertidos que de verdad disfruté. Todo el mundo de demonios no es innovador pero sí logró darle un aire interesante al libro. Me hubiese gustado que la autora se esmerara más por desarrollar el argumento paranormal como intentó hacerlo con la relación amorosa.


Además de lo anterior, me gustó mucho leer los momentos de interiorización de Layla. Es un personaje que tiene que lidiar con dos lados de sí misma, y jamás se ha sentido del todo aceptada en su "familia", así que hay momentos donde el personaje interioriza un poco y se puede ver un matiz más profundo en ella, es ahí cuando pude sentir pena y no me molestó tanto el personaje. 


El final está cargado de acción y no estuvo del todo mal. Aunque es bastante predecible y hay un diálogo en específico que me pareció demasiado cursi, en general es un buen cierre para esta primera entrega.

En general, es una historia con unos protagonistas con los que no pude conectar porque me parecieron aburridamente perfectos, superficiales y demasiado molestos. Cuenta con una historia paranormal que se desarrolla muy lentamente pero que pudo haber sido mucho más interesante si la autora se hubiese esmerado en ella y hubiese dejado de lado tanto énfasis amoroso.

Puntuación:




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Jennifer L. Armentrout vive en Martinsburg, West Virginia. Su sueño de ser escritora empezó en las clases de álgebra, lo que también explica sus malas notas en matemáticas. Actualmente, escribe novelas románticas, de fantasía y de ciencia ficción para jóvenes, y obras de adulto bajo el pseudónimo de J. Lynn.

Biografía tomada de aquí



¿Lo han leído? ¿Planean leerlo?

Nos leemos :)

martes, 18 de marzo de 2014

...perdida en el paraíso...



...miraba la luz en un intento sutil de salir de aquel pozo...de aquel callejón sin salida...de aquel laberinto...de ese bosque sin brújula que puede a llegar a ser ella misma...inmersa en la profundidad de sus emociones, de sus pensamientos...volvía a las noches en vela...a los silencios prolongados...a jugar al escondite entre las páginas de sus libros...al sonido de las olas y las lunas llenas...volvía, una y otra vez, a la casilla de salida de esa oca sin fin...a la partida en tablas...al olor a incienso y luz de velas...a la búsqueda constante de sí misma...al comienzo...a las soluciones sin problemas...a los antiguos discos...a la mirada perdida...al vino tinto...al vacío para volverse a llenar...

...infinitos besos para vuestros bolsillos... 

Top Ten Tuesday (23): Libros que quiero leer esta "primavera"


Top Ten Tuesday es una sección hecho por el Blog The Broke and the Bookish. Se trata de una sección donde dicho blog propone un tema todos los martes y se realiza un conteo de diez libros, autores o cosas que se relacionen con el tema. 

Hola!



No suelo hacer estas listas porque nunca estoy segura de que en realidad leeré esos libros, pero en la lista del verano no me fue tan mal y leí varios, así que decidí hacerla para la "primavera".

Libros que quiero leer esta "primavera"



1. Frostbite - Richelle Mead. Es el segundo de la saga Vampire Academy y quiero leerlo porque he escuchado que está mejor que el primero (el cual me gustó, pero no tanto).

2. Prueba de Fuego - James Dashner. Me gustó muchísimo Correr o Morir (y el trailer me ha encantado, por cierto *-*), así que definitivamente espero este con muuuchas ganas.

3. Choque de Reyes - George R.R. Martin. Lo tengo pendiente desde mi lista del verano (shame on me :C) y espero de verdad ponerme con él en los próximos tres meses XD.

4. Cinder - Marissa Meyer. He leído tan buenos comentarios, que de verdad necesito leerlo ya.

5. La Hermandad de la Daga Negra 8, 9, 10 y 11 - J.R. Ward. Me muero por leer The King, así que tendré que ponerme a leer (y muy pronto) todos los libros de esta serie que aún no leo :(


6. The Darkest Minds - Alexandra Bracken. Otro del que he escuchado muy buenos comentarios y que quiero leer desde hace mucho tiempo.

7. The Liberator - Victoria Scott. El libro final de esta trilogía se publicará pronto, así que necesito ponerme al día con este.

8. The Winner's Curse - Marie Rutkoski. A este le tengo muchas ganas desde que leí la sinopsis y vi su hermosa portada *-*

9. Hija de Humo y Hueso 2 y 3 - Laini Taylor. No había querido leer el segundo porque no quería quedarme esperando con ansias. Ya falta muy poco para la publicación del tercero, así que haré una maratón con estos dos *-*

10. Shadow and Bone - Leigh Bardugo. Llevo demasiado tiempo queriendo leer este libro. Ya es hora XD.


¿Qué libros quieres leer esta primavera? ¿Coincidimos?

Nos leemos :)

Al borde

Hace un año empecé a caer cuesta abajo, sobre ruedas y con el viento a favor...
Algo no funcionaba como debía y me vi acompañada por dolores muy intensos y constantes. Desgraciadamente llegó un momento en el que no pude llevar mi vida normal, pero antes de llegar a ese punto, un año antes, fue cuando empezó todo. De la manera más tonta me di cuenta de que algo no iba como siempre. Al ir a dormir, no podía ponerme en la postura de siempre sin tener un pinzamiento en la espalda. De ahí en adelante fue como una bola enorme que cuanto más rueda cuesta abajo, más crece. Aquello era imparable y nadie parecía poder decirme por qué, ni qué hacer contra ello.

Llegó un momento en el que no podía dormir más de 2 horas seguidas. No podía vestirme ni moverme con normalidad. La pierna derecha se me dormía y llegué incluso a caerme varias veces. Estaba helada todo el tiempo porque los dolores eran tan masivos, que estaba constantemente bañada en sudor. La espalda me dolía tanto y los pinzamientos eran tan molestos que la mano derecha empezó a fallar, ya no podía coger las cosas con tanta fuerza como antes.

No obstante seguí trabajando y metiendo horas extras, para durante el semestre no tener que trabajar tanto. Escribí el trabajo final de carrera y lo entregué. Y todo esto antes de que me operaran.

Si alguien me pregunta cómo lo hice, no sabría responder. A día de hoy, un año después de aquella pesadilla y seis meses después de la operación, empiezo a sentirme como la yo de antes. Vuelvo a reconocerme en el espejo, una sonrisa me acompaña allá donde voy.

Pero sobre todo, en este año he aprendido que todo bosque tenebroso tiene un fin. Queda mucho camino por recorrer. Y no sé cómo me encontraré en el futuro, la endometriosis es una compañera que no abandona con facilidad, sin embargo me quedo con mi bonito presente.


sábado, 15 de marzo de 2014

Yo decido



Es mío y de nadie más. Soy yo la que vive en él y la que soporta las consecuencias cuando algo sale mal. Y precisamente porque sé qué es, que tu propio cuerpo parezca volverse loco y te las haga pasar canutas, precisamente por eso no puedo estar de acuerdo con la nueva ley.

No voy a entrar a dar mi opinión extendida, en la que comentar que me parece una ley arcaica, anacrónica e injusta. Una ley que pretende complacer a los sectores más rancios y peligrosos de la sociedad española. Una ley que no sólo limita la libertad de decisión de las mujeres, si no que la supedita a la de los hombres. Porque señoras y señores, hombres y mujeres no somos iguales y ¡ni falta que hace! Somos tan distintos en ciertos ámbitos como la noche y el día y eso no debe suponer problema ninguno, ya que la vida necesita de la noche y del día.

En el momento en el que hombres y mujeres tengan las mismas capacidades fisiológicas y/o físicas para reproducirse, entonces me parecerá bien que los hombres tengan tanto que decidir como las mujeres. Hasta llegar a ese punto, porque nosotras somos, las que sin poder de decisión propia, llevamos la responsabilidad y las consecuencias de estar embarazadas, somos nosotras las que debemos decidir libremente.

Con la ley anterior  estaba la inmensa mayoría de la población de acuerdo y no subió el porcentaje de abortos. Con la nueva ley sí que subirá el porcentaje de abortos clandestinos. Y que eso tenga que pasar en “un país europeo, moderno y avanzado”, es demencial…

viernes, 14 de marzo de 2014

En La Pantalla: Secret Love (KDrama)

En la Pantalla es una sección creada por mí para este blog. En ella mostraré y comentaré series, películas, dramas (coreanos, japoneses o taiwaneses) y algún otro programa de televisión que crea interesante.



Título: Secret Love  (2013)                
Género: Romance, Melodrama
Episodios: 16
Ver: Viki
Sinopsis: Jo Min Hyuk nació en una familia rica y lo tiene todo, incluyendo una buena apariencia e inteligencia, pero carece de bondad. Él pierde a su novia en un accidente, donde sacude su mundo y lo llena de dolor y de sed de venganza.
Kang Yoo Jung es la mujer que fue detenida y encarcelada a causa de dicho accidente, pero quien realmente iba conduciendo era su novio, el fiscal Ahh Do Hoon. Yoo Jung se culpa del accidente por amor a su prometido Ahh Do Hoon y al ser encontrada culpable es sentenciada a 5 años de prisión. En la cárcel descubre que está embarazada y da a luz a un niño dentro de la misma, donde tiempo después todo se complica cuando Min Hyuk cegado por el rencor y el odio decide vengarse arrebatándole a su hijo. Ella entonces no tendrá otra opción que esperar hasta el momento en el que termine su condena.
Mientras tanto Shin Se Yeon, prometida de Min Hyuk con un matrimonio arreglado por sus familias, es la que tiene un amor no correspondido. Ella se describe a si misma con "sed de amor", y sufrirá por no tener el de Min Hyuk.
Yoo Jung al salir de prisión no contará con que Min Hyuk la está esperando con ansías para seguir cumpliendo su venganza en el nombre de su amada fallecida...
¿Qué le deparará el destino a Yoo Jung, y qué nuevos planes tiene Min Hyuk para lograr sus propósitos de venganza? ¿Terminará venciendo el odio y el dolor de un amor perdido? ¿Qué papel jugará el destino en la vida de los protagonistas?

Kang Yoo Jung ha tenido una vida muy difícil. Estuvo en la cárcel por un crimen que no cometió, le arrebataron a su hijo, y ahora que nuevamente está fuera de prisión, Jo Min Hyuk está dispuesto a hacerle la vida imposible. Yoo Jung tendrá que luchar nuevamente y enfrentarse a todos aquellos que quieren hacerle daño e intentar encontrar su felicidad.

Cuando veo dramas casi siempre me inclino por aquellos que clasifican como “comedia romántica” porque usualmente son más divertidos y tienen menos drama que uno “melodramático”. Secret Love es melodramático, así que no sabía cómo me iría viéndolo. Después de terminarlo sólo pude preguntarme: ¡¿Por qué no lo vi antes?!

Kang Yoo Jung es una chica luchadora, simpática y demasiado buena para su propio bien. Su bondad puede llegar hasta el punto de hacerla parecer masoquista, algo que usualmente no me gusta en una protagonista, pero que aprendí a tolerar y entender en esta chica. Yoo Jung lo pasa muy mal durante todo el drama, pero aún así siempre es positiva y sonríe como si nada malo sucediera, la admiré por eso. Su evolución también es muy interesante de ver; ver cómo pasa de ser una chica inocente y bondadosa a una mujer fuerte y determinada, pero siempre positiva. La actuación de Hwang Jung Eum es absolutamente perfecta. Si no fuera por ella y su gran habilidad actoral jamás hubiera logrado apreciar el personaje como lo hice. Esta actriz es una protagonista excelente y sus escenas de lágrimas te tocan hasta el punto de hacerte llorar con ella (o eso creo, porque me la pasé todo el drama llorando D:)

Con el protagonista, Jo Min Hyuk, fue odio a primera vista. Es un personaje infantil, despreciable y un poco cobarde. Pero, como la protagonista, con cada capítulo logró sorprenderme y poco a poco consiguió que me agradara. Min Hyuk pasa de ser un chico rico y con sed de venganza, a un hombre que medita mucho más sus actos y es más maduro y menos despreciable. 

La relación entre los dos protagonistas es muy interesante: ver cómo Min Hyuk pasa del odio al amor con la mujer que cree que mató a su hijo y su novia, cómo descubre la verdad y cómo juntos empiezan a aceptar sus sentimientos. El primer beso, que es muy importante en un drama, es un poco extraño, pero definitivamente refleja la clase de relación que tienen los protagonistas.



Otros dos personajes importantes para el desarrollo de la historia son Ahh Do Hoon, exnovio de Yoo Jung, y Se Yeon, prometida de Min Hyuk. Estos dos son claves en la evolución de la historia y poco a poco se van ganando su lugar en mi lista de las peores personas en un drama, con cada capítulo se vuelven más detestables y se llevan todo mi odio.

En general, es una historia llena de dramatismo, con una protagonista simpática y bondadosa que poco a poco va demostrando su fuerza y determinación, y con un protagonista que lentamente logra madurar y ser mejor persona. Un romance lleno de altibajos, con momentos de diversión, pero también con muchos momentos tristes que te tocarán el corazón.

Canción Favorita de la OST




Es mi primera vez comentando/reseñando un drama... ya iré mejorando en esto XD

¿Ven dramas coreanos? ¿Han visto Secret Love? ¿Les llama la atención?

Nos leemos :)

El fin de la apatía: las «marchas de la dignidad» o el futuro de la protesta





  
Caracterizar nuestra época a partir de la apatía colectiva reafirma la dificultad del análisis para dar cuenta de los límites de las prácticas sociales hegemónicas: omite sin más los movimientos subterráneos que –para seguir con la metáfora- podríamos describir como «sísmicos». Al menos en las condiciones actuales del sur europeo (aunque no solamente), hablar de mero conformismo, indiferencia moral o una suerte de somnolencia letárgica atribuida, en general, a las masas (de la que el analista estaría felizmente emancipado) no permite comprender la complejidad del presente ni, mucho menos, los conflictos sociales que no cesan de proliferar. Afirmar que nuestra actualidad es irreductible a esa caracterización, sin embargo, no habilita a suponer, en un arrebato optimista, que ese movimiento sea suficiente para derrumbar las bases históricas de una sociedad injusta o, de forma más acotada, para dinamitar la continuidad de unas políticas de estado radicalmente regresivas.

Nuestro análisis, por tanto, debe moverse en un terreno resbaladizo: entrela escalada autoritaria actual (ligada tanto a la reestructuración del estado español como a las mutaciones globales del capitalismo) y unas resistencias sociales fragmentarias pero no menos reales. Revueltas como la de Gamonal o la movilización permanente de la Marea Blanca en Madrid, en este punto, podrían estar marcando una nueva fase en las luchas sociales a nivel nacional. Aunque se trate de victorias pírricas, contribuyen a poner en crisis un cierto derrotismo moral extendido. La condicionalidad de esos ejemplos, a la vez, es innegable: nada garantiza que esa nueva fase tenga continuidad. Las «marchas de la dignidad» previstas para el 22 de marzo en Madrid, en la que confluirán diferentes movimientos sociales y sindicales contra los recortes y en defensa de los derechos colectivos, adquiere una peculiar relevancia: permitirá determinar si, en efecto, esas conquistas colectivas funcionan como «punto de lanzadera» de luchas populares más amplias (de carácter intersectorial y transversal) o si, por el contrario, quedan desactivadas como casos aislados.

Al menos en la práctica de esos movimientos sociales, la «ideología de la desmovilización» (resumida en tópicos referidos a la “inutilidad” de las protestas) ha sido acorralada. Como experiencias de resistencia, desmontan la falacia de la “fatalidad” o “inevitabilidad histórica” de las políticas actuales. No es que no haya alternativas al neoconservadurismo; sencillamente, no serán los poderes dominantes quienes las gestionen. Dicho en otros términos, sólo la presión social creciente puede obstruir una ofensiva manifiestamente antipopular, con escasos precedentes en España.

Aunque el autismo gubernamental sigue intacto, las luchas populares más recientes han mostrado una relativa eficacia política, producto de una erosión limitada pero efectiva de la legitimidad político-gubernamental. Constituyen prácticas ejemplares en cuanto han conseguido los objetivos primarios que se proponían: en el caso del movimiento vecinal de Gamonal, impedir la construcción de un boulevard que representaba la expropiación de los espacios públicos del barrio; en el caso de la Marea Blanca, la suspensión del proceso privatizador de la sanidad pública madrileña. Si bien se trata de logros precarios, constituyen un aprendizaje común al desafiar cierto inmovilismo despolitizado así como una dinámica discontinua de (auto)convocatorias “espontáneas”.

En conjunto, parecen estar revirtiendo cierto estado de desánimo colectivo. No menos importante en esta fase que se abre: muestra que, en determinadas coyunturas, la brutalidad de cargas policiales injustificadas, en vez de producir efectos disuasivos, puede desatar una espiral de enfrentamientos callejeros difíciles de predecir. Aunque a mi entender sería un error generalizar esa tácticade los movimientos sociales (independientemente a las consideraciones éticas que pudiéramos hacer al respecto), la frontera sacralizada (la “línea roja”) de la manifestación “pacífica” ha quedado perforada, por así decirlo, sin perder legitimidad social.

A pesar de la aversión moral manifiesta por todo el arco partidario a la “violencia” (de la que se sustrae, hipócritamente, la violencia policial e institucional), la interpretación dominante de los incidentes entre manifestantes y policía en Gamonal no ha sido la que venía siendo habitual: atribuir a unos “radicales infiltrados” toda la responsabilidad de la escena. Semejante interpretación, al menos en este caso, ha fracasado de forma rotunda, para dar lugar a otras líneas explicativas más complejas: la insatisfacción colectiva ante un plan de urbanización indeseado, el hartazgo ante la corrupción político-empresarial, las detenciones arbitrarias por parte de la policía o el carácter ilegítimo de las cargas policiales contra vecinos movilizados legítimamente por una causa común. Gamonal se plantea así como un síntoma de un malestar colectivo profundo que podría extenderse en otros territorios bajo la forma de la revuelta o el estallido social.

Por otra parte, en el caso de la Marea Blanca, las tácticas que se plantearon se han movido en dos dimensiones: articular las protestas continuas del personal sanitario con la anteposición de sucesivos recursos judiciales. La movilización permanente y las disputas en el terreno jurídico han mostrado su eficacia, frustrando un plan de privatización del sistema sanitario que se planteaba a sí mismo como irrevocable. En suma, por vías diferentes, arribamos a la misma conclusión: puesto que la eficacia política de las luchas populares no está garantizada por ningún medio en particular, forma parte de la lucha misma diversificar sus medios. La falta de garantías, lejos de ser un motivo para el desánimo, exige cada vez más apelar a medios de lucha diferentes y complementarios que resten previsibilidad a los propios movimientos. La posibilidad de la derrota, siempre vigente, puede contrarrestarse así a partir de la diversificación imaginativa de nuestras tácticas.

Recapitulemos, entonces, para desmontar algunos malentendidos. Por una parte, esos acontecimientos en particular y la proliferación de protestas públicas en todo el territorio español, podrían estar constatando el «fin de la apatía». Por otra parte, eso no significa que la cultura política hegemónica haya cambiado sustantivamente. La insatisfacción colectiva que se agudiza en el presente no equivale ni mucho menos a que se haya abolido la cultura consumista que sostiene la formación capitalista como tal sino, ante todo, que frente a las restricciones crecientes en el acceso al consumo (significado como desiderátum) la disconformidad social se incrementa. Tampoco significa que se haya traspasado una política de bienestar vallado, con su régimen de pequeños privilegios y unas condiciones de vida confinadas a los estados europeos de postguerra.

Precisamente porque las industrias culturales dominantes construyen deseos que reafirman la anatomía de la sociedad de mercado, la reducción forzada del consumo implica, como experiencia generalizada, la expansión de la insatisfacción. Nada de ello conduce por sí mismo a una transformación social profunda, sino que reafirma a lo sumo la intensificación de un deseo colectivo privado de su objeto. Por otra parte, si bien las restricciones en el acceso a los servicios públicos generan reivindicaciones ciudadanas que podrían considerarse de un signo político diferente al neoliberalismo, no suponen de forma necesariaun cuestionamiento de los privilegios asociados a un estado benefactor históricamente confinado a los países centrales (en detrimento de las periferias). Al fin de cuentas, las dudas persisten: ¿qué ocurriría con las protestas sociales si se reestableciera el nivel de consumo o de crecimiento previo al 2008, las cifras del desempleo se redujeran de forma drástica o se mantuvieran las prestaciones públicas instituidas?

Si la economía política del sacrificio produce estructuralmente una ingente masa humana como objeto sacrificable, ello implica, antes que una automática aceptación social, un cierto grado de conflictividad (que no es de por sí revolucionaria). Asumida esa conflictividad, el oficialismo se ha movido en dos frentes: procurar legitimar semejante economía política mediante un trabajo ideológico que significa la pauperización de la existencia como proceso inexorable y, simultáneamente, radicalizar una política represiva que implica cambios jurídicos de primer orden. De hecho, la misma expansión de la brechaentre deseos subjetivos y prácticas sociales, dentro del discurso hegemónico, es construida como “resultado natural” de un presunto “exceso” previo. Se trata, estrictamente, de un argumento de resignación. Bajo un discurso político semejante, ligado a una derecha recalcitrante que oculta sistemáticamente el poder decisivo que ejercen las elites económico-financieras y gubernamentales en la creación e imposición de las “reglas de juego”, la resignación es representada como destino y la servidumbre elevada a condición metafísica.

Sin embargo, es esa «política de la resignación» la que está en discusión, mostrando su inestabilidad como “evidencia de sentido común”. De forma manifiesta en España, diferentes grupos sociales están rompiendo esa jaula. Aunque el creciente inconformismo social queda reducido de forma habitual a la esfera privada, los ejemplos de Gamonal y la Marea Blanca pueden operar en el imaginario colectivo como un momento de inflexión, esto es, como el paso a una nueva fase en las luchas populares. No cabe descartar, entonces, que en esos acontecimientos políticos esté gestándose un futuro de la protesta mucho más fecundo desde un horizonte político transformador. De ahí la significación central de las «marchas de la dignidad» previstas: constituyen una iniciativa que procura articular un frentede lucha común que incluya y rebase las reivindicaciones sectoriales. Si la falta de articulación entre las luchas locales ha sido uno de los déficits principales de las protestas sociales en España hasta el momento, esta apuesta por la construcción de una cierta unidad política -en la multiplicidad de reivindicaciones- constituye un giro estratégico de primer orden. Para decirlo de otra forma: las «marchas de la dignidad» pueden ser la instancia articuladora necesaria para quienes no nos contentamos con un mundo social arrasado. Y, lo que no es menos importante, esas marchas permitirán determinar el grado de movilización popular tras los logros recientes. Es, ante todo, una pulseada decisiva e incierta: sin la consolidación de ese contrapoder popular el bloque hegemónico seguirá avanzando en lo que, en toda regla, puede calificarse como «política del saqueo».

La resultante de esa pulseada es impredecible. Las resistencias sociales son tan reales como el discurso hegemónico que significa lo actual como la consecuencia necesaria que habría que asumir tras un supuesto exceso (de consumo, de gasto, de deuda) por parte de la población, atribuido de forma cuasi-religiosa al “pecado originario” de “haber vivido por encima de sus posibilidades”. Según el énfasis que se haga, la perspectiva de análisis puede acentuar 1) la persistencia de un «sentido común» -como cristalización ideológica hegemónica- que representa la reconfiguración de la sociedad en curso como un “mal necesario” o 2) aquellas constelaciones de valores, sentidos y prácticas que dislocan esas construcciones hegemónicas y desafían los límites de lo posible. Las oscilaciones interpretativas (también, a menudo, contradicciones analíticas) con respecto al presente, que transitan del desencanto a la euforia o a la inversa, muestran que estamos en un umbral histórico donde no podemos dar nada por sentado: la incertidumbre política es nuestro punto de partida y la «crisis de hegemonía» una posibilidad que sobrevuela la actualidad, incluso si no vislumbramos un proyecto político alternativo consolidado que esté articulando las diversas insatisfacciones que proliferan a nivel colectivo.

Lo dicho, finalmente, supone que una interpretación crítica del presente necesita indagar no sólo en las claves culturales que legitiman una sociedad marcada por la desigualdad, la corrupción estructural y la restricción de las oportunidades sociales, sino también en aquellas prácticas político-culturales que ponen en crisis esa legitimidad, desafiando no sólo el conformismo sino también la resignación inoculadas. Si la actual desestructuración sistémica está produciendo un ensanchamiento de la apertura del presente, aprovechar esa apertura depende en buena medida de la construcción de un proyecto contrahegemónico por parte de los movimientos sociales con vocación transformadora.

No alcanza con que prolifere la insatisfacción, en tanto se siga deseando el mismo objeto y, sin embargo, nada impide a priori que esa insatisfacción no sea canalizada políticamente en la lucha por otras formas de sociedad. La apuesta es transformar el deseo colectivo, entonces, antes que perseguir la mera satisfacción de unos deseos consumistas e individualistas que no cuestionan en lo central el actual régimen hegemónico.

En suma, la crítica político-cultural del presente debe considerar la economía inestable del deseo y las identificaciones colectivas sobre las que se constituye. Demasiado a menudo pasamos por alto que también necesitamos incidir en esa dimensión de la subjetividad: todo proceso hegemónico se sustenta no sólo en la producción de unos sentidos determinados o en la configuración de determinadas relaciones de poder, sino también en una específica economía (política) del deseo. Estamos lejos de haber extraído las consecuencias teóricas centrales de esta premisa. Sobre todo, supone dejar a un lado un esquematismo inercial incapaz de leer el actual ensanchamiento de las oportunidades históricas. El futuro de la protestano es nada distinto a ese ensanchamiento. Sólo ahí puede residir nuestra esperanza agonística. Es responsabilidad colectiva convertir esa apertura en un nuevo inconformismo. Si la «in-dignación» es la negativa política ante el arrase, las «marchas de la dignidad» son el llamado común a construir la sociedad que no tenemos.



Arturo Borra