jueves, 3 de abril de 2014

«Los nadies», de Eduardo Galeano

Ayer hubo un linchamiento en Argentina. Hoy han evitado otro. Y las palizas comienzan a repetirse con estos pequeños ladrones, habituados a la violencia cotidiana: en sus barrios y en sus vidas. Vienen los que presumen ser ciudadanos ejemplares y asesinan al “pibe choro” de 18 años, llamando “justicia” a un nuevo acto de barbarie. Justifican así convertirse en asesinos. Y sí, ...es cierto que para esos pibes también la vida vale poco: la muerte se ha hecho parte de la normalidad. Precisamente por ello, lo ético es dejar de repetir el ritual diario del desprecio hacia la vida de los demás. Esta vez no fue una bala sino una patada. Pero da igual. Siguen siendo los “nadies”, dueños de nada, excluidos del sentido de justicia de los que se creen “alguien”.

A.B.


Los nadies

 Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
 
 
Eduardo Galeano