lunes, 28 de noviembre de 2011

Tiempo de Adviento o Adventszeit

El Adviendo en la época que predece a la navidad, son las 4 semanas anteriores a Nochebuena. Esta época del año era para mi desconocida cuando vivía en España, pero al llegar a Alemania, y al ser este ya mi tercer invierno, estoy familiarizada y debo decir que me parece una época muy bonita.


Para simbolizar las 4 semanas anteriores a la Nochebuena, se utiliza un Adventskranz o corona de Adviento. Desde el primer domingo de Adviento, este año fue ayer, se debe encender una vela nueva cada semana, y al completar las 4 velas, será Nochebuena. Cada vela ya encendida puede ser encedida cuantas veces queramos, pero hay que tener cuidado porque si encendemos mucho la primera vela, al ser la que más veces tenemos que encender, será la que primero se consuma, y se supone que el último domingo de Adviento hay que encender las 4 velas y no debe faltar ninguna.


Muy típico de la época de Adviento, son los Weihnachtsmärkte o mercados navideños. Hay gente que dice que visto una vistos todos, pero a mi no me parece que sea así, cada mercado tiene su encanto. Lo típico es comerse una salchica y beber un Glühwein, que traducido al español sería "vino caliente". Es una bebida típica de esta época del año. Su composición es bastante simple, es simplemnete vino tinto, canela, clavo y azucar al gusto. Hay que calentar todos los ingredientes sin que lleguen a hervir ¡y a disfrutarlo!. Debo reconocer que hay que acostumbrarse a ello.

En los mercados navideños se pueden encontrar verdaderos preciosidades hechas de manera totalmente artesanal con madera . Entre las cosas típicas están los Räuchermännchen, son figuritas de madera con un agujero en la boca.Se introduce un cono de incienso en el interior del muñequito y al tener el agujero en la boca, parece que esté fumando, de ahí el nombre.




¡¡Que disfrutéis del Adviento!!

viernes, 25 de noviembre de 2011

...33 raons per ser "feliç i dades"...(33 razones para ser feliz...idades)

...la sombra de la belleza...

  1. Encontrarnos por azar y estar dispuestas a descifrar todos los enigmas.
  2. Despertar a tu lado y hallar una sonrisa.
  3. El olor a café y leche con cola cao del desayuno.
  4. Caminar hasta el mar y dejarnos llevar por el sol y la lectura.
  5. Un aperitivo con vistas en Sant Pol de Mar.
  6. Un fin de semana en Begur.
  7. Ascender Pedraforca sin perder el aliento.
  8. Perder la cuenta de los mojitos consumidos entre risas y conversaciones cómplices.
  9. Comprar vinos en esa bodeguita de Alella y descubrir los matices embotellados.
  10. Diseñar una ruta culinaria con ayuda de las amigas.
  11. Perdernos entre la serenidad de los árboles de nuestra tierra y volver a casa oxigenadas.
  12. Conocer Sicilia en 13 días.
  13. Música en directo.
  14. Intercambiar experiencias y amigos.
  15. Leer y leernos.
  16. Despedir el año en Collejares.
  17. Una barbacoa en Vacarisses.
  18. Golf en Vilanova i la Geltrú.
  19. El placer de disfrutar de las tradiciones, la cultura y la lengua...latente en mi interior.
  20. Mirarnos en silencio y sonreír.
  21. Compartir cocina...tú el aperitivo...yo la comida.
  22. Ir al mercado y llenarnos de colores y olores.
  23. Ir al Garden y volver con un jardín a casa.
  24. Contarnos el día al caer la noche.
  25. Bailar, bailar y bailar.
  26. Salir a buscar setas.
  27. Pasar una tarde de cine.
  28. Mirar una serie hasta que nos venza el sueño.
  29. Nutrirnos de cada instante como si fuera único.
  30. Permitirnos entrar sin necesidad de llamar a la puerta.
  31. Una cena en "La lluna".
  32. Abrazarte y no caer al abismo.
  33. Dormir y poder encontrarnos en Santorini.
...una razón por cada año que cumples...infinidad que me reservo en los bolsillos...mas todos los motivos que nos quedan por vivir...

¡¡¡Felicidades Anna!!!

...infinitos besos para tus bolsillos...

jueves, 24 de noviembre de 2011

Indignaciones (I)


 
¿Hasta cuándo la primacía de un periodismo domesticado por sobre los periodistas críticos que se rebelan de sus servidumbres intelectuales? ¿Hasta cuándo la sumisión periodística a los poderes dominantes por sobre el compromiso ético y político con la investigación de la actualidad? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar unos discursos de la información que desinforman, unos profesionales que, en nombre de la neutralidad, mienten sistemáticamente?

Contra el periodismo como ejercicio profesional de la desinformación, aquí una muestra de otras formas de concebir la práctica periodística, más allá de la opinión publicada. Para que no todo sea claudicación ante las estructuras existentes.

A.B.


martes, 22 de noviembre de 2011

...verde cardo borriquero...


foto de google

Amanece. Los habitantes del país al despertar se disponen a realizar sus rutinas de domingo. Pero no es un domingo cualquiera. Es el domingo de la libertad, de las decisiones, de…se visten sus ropas de domingo y salen a la calle.

Ropas impolutas. Disfraces para la ocasión con la intención de no ser descubiertos.

Nadie estaba preparado para la revolución de la naturaleza, huracanada y triste…atormentada dejó caer litros de lluvia incontrolada.

Los viandantes vestidos de rojo para la ocasión, al contacto con el agua, iban dejando una estela roja tras sus pasos…apareciendo su esencia azul.

Los azules aparecían en lugares insospechados…la mezcla de tintes en el suelo iba convirtiendo a éste en una gruesa capa negra, devastadora…desolación y oscuridad…la dura realidad en nuestros pies…

Y en ese horizonte azulado pude vislumbrar rojos apasionados y verdes que crecían como la mala hierba…minorías sin disfraz…expuestos sin miedo…pinceladas de esperanza (no Aguirre)…

Empapada miré hacia abajo…para mi felicidad seguía siendo verde…cardo borriquero…inextinguible…infinita como mis besos de bolsillo…

viernes, 18 de noviembre de 2011

El 15M después del 20N: la revuelta como porvenir



En la Europa saqueada del presente, sobran razones para la indignación, empezando por la referencia ubicua a la «crisis» que, en ciertos discursos dominantes, suele usarse como pretexto para disipar la referencia más concreta a una escandalosa concentración de la propiedad y la renta y, en particular, para ocultar a los grandes beneficiarios de esta reestructuración sistémica.

A pesar de ese discurso de la crisis que todo lo explica, para muchos de nosotros resulta indisimulable el actual proceso de apropiación ilegítima de riqueza por parte de las oligarquías económico-financieras y políticas a nivel trasnacional. De forma similar, ya no les resulta tan fácil ocultar el autismo del sistema político ante las reivindicaciones ciudadanas, la estructura fiscal regresiva (en la que se desgrava a los propietarios y se grava sin miramientos a los asalariados), la inédita transferencia de recursos de las clases medias al sistema financiero, la destrucción del ya recortado estado de bienestar, el desempleo extendido y la precarización laboral generalizada, así como niveles de corrupción institucional y empresarial con pocos precedentes en las últimas décadas, la actuación delictiva de la banca, los privilegios de la monarquía y la institución católica, el uso demagógico de la xenofobia y el racismo, la política desinformativa de los medios masivos con respecto a las violencias sistémicas (y la amplificación de formas espontáneas de violencia callejera), por mencionar algunas cuestiones.

De ahí que en las condiciones actuales ninguna referencia genérica a la “grave situación” (lo cual es indudable para muchas personas y grupos) debería hacernos perder de vista que lo que está en juego es una reestructuración de largo alcance: la institucionalización de un régimen de excepcionalidad que da carta blanca a la arbitrariedad política. Si por un lado las autoridades políticas dominantes dan por presupuesta la necesidad de unas políticas de ajuste (reformas de pensiones, reformas laborales y constitucionales, recortes salariales, despidos en diferentes sectores públicos, etc.), por otro aceptan la legitimidad de unas políticas de salvataje al sistema financiero y a las grandes empresas, sin olvidar los subsidios millonarios a instituciones anacrónicas como la monarquía o representativas sólo de un credo particular como es el caso de la iglesia católica.

Lo excepcional en esta fase del capitalismo no es la parodia al estado democrático (invocado cínicamente para garantizar la impunidad a los responsables de la masacre diaria), sino la generalización de una lógica política binaria, en la que cualquier sujeto disidente se convierte en blanco de una vigilancia permanente por parte del estado policial, con independencia a los procedimientos jurídicos del declamado (pero no menos fallido) «estado de derecho». La fórmula de este régimen podría ser: “Hago lo que quiero y si te opones, tanto peor para ti”.

No debería sorprender la repetición de la «catástrofe» (ecológica y social) como imagen de nuestra época: forma parte de los efectos no previstos (aunque absolutamente previsibles) de unas políticas de concentración económica y devastación planetaria. Es parte de la crónica de una muerte (colectiva) anunciada. La infamia de justificar lo terrible en nombre del realismo y el sentido común, como una suerte de destino inexorable, se ha convertido en hábito por parte de las clases dominantes. Es una buena receta para eximirse de dar cuenta (pública) de sus actos.

Por lo demás, el desmembramiento de un ya debilitado estado de bienestar no debe leerse en términos puramente económicos, sino en clave política, como un reordenamiento que prepara las condiciones para una nueva fase de acumulación. Puesto que, en el caso de España, el “negocio del ladrillo” ha cumplido su ciclo, ahora “toca” el negocio de las privatizaciones (en primer lugar, de la sanidad y la educación públicas, aunque no solamente). Habría que apresurarse a señalar que la desfinanciación del estado de bienestar es correlativa a la financiación del estado policial y de la banca privada, requisitos indispensables para la gestión del saqueo colectivo.

Semejante cuadro situacional no puede más que activar, en una parte significativa de la ciudadanía, una indignación creciente. La consecuencia de esa sensibilidad es la producción de una resistencia tan activa como pacífica que ha estallado bajo el movimiento 15-M (en conmemoración a la primera movilización multitudinaria realizada el 15 de mayo de 2011 en diversas ciudades españolas). No se trata, desde luego, de un punto de arribo. Es, por el contrario, principio de una revuelta que se está gestando a nivel subterráneo, sin que sepamos en qué desembocará. En esa incertidumbre, sin embargo, una certeza se hace manifiesta: cada vez más, en el contexto mundial actual, luchar por otro mundo posible no es un lujo sino una cuestión de supervivencia. La internacionalización de la revuelta aparece en esta situación como una forma indispensable de afrontar globalmente la arremetida global del capitalismo (1). No se trata de nada remoto: es una apuesta contra la resignación, una manera de no limitarse a constatar el desastre cotidiano.

«Indignados» somos todos aquellos que nos sentimos damnificados por unos poderes concentrados que han convertido el mundo en una tierra de oportunidades (de negocios); es el nombre de la multitud despojada brutalmente de buena parte de sus logros históricos y sus derechos fundamentales (vivienda, trabajo, salud y educación, prestaciones sociales, por mencionar algunos).

Están, desde luego, los agoreros que cuestionan el movimiento 15-M por izquierda y por derecha (2): los que reducen ese movimiento a la pequeña burguesía afectada por la caída económica, entre el escepticismo cáustico y la nostalgia por los buenos viejos tiempos donde el partido dirigía a las masas (más o menos alienadas) y los que lo descalifican por anticapitalista, como si fuera evidente la incuestionabilidad de este orden social. Pero si algo caracteriza ese movimiento es la carencia de uniformidad ideológica y social. Por el contrario, se trata de una pluralidad de sujetos sociales orientados por algunas percepciones críticas en común con respecto a la realidad actual.

En este sentido, la hegemonía del neoconservadurismo no debería impedirnos ver las luchas políticas que en diversos puntos del planeta se están gestando de manera subrepticia, fuera de cámara, marginadas por los grandes medios masivos de (des)información. Impulsar una revuelta pacífica es, sencillamente, cosa de dignidad:no renunciar al deseo de un mundo social donde el sacrificio de masas ingentes no sea la moneda de cambio. Se trata de un deseo irrenunciable si no queremos habitar entre las ruinas (la guerra, el hambre, la explotación, el racismo, son otros de sus tantos nombres).

Aunque por décadas el despliegue de algunas políticas sociales permitieron atenuar las desigualdades inherentes a esta sociedad, la defensa de “un capitalismo con rostro humano” no deja de ser un oxímoron, esto es, una contradicción entre los términos. Por eso erosionar el neoliberalismo no puede ser nuestro objetivo final si lo que queremos es una sociedad justa, en la que la libertad humana no sea sistemáticamente reducida a libertad de mercado.

A pesar de la represión policial de la política como ejercicio del disenso, la posibilidad de una política democrática radical sigue intacta. Los riesgos de una restauración autoritaria del control están ahí, pero no tenemos más camino que quebrar el miedo en el que quieren encerrarnos. No cabe la resignación ni el conformismo. El “derecho a soñar” nace de la pesadilla a la que este sistema condena a millones de seres relativamente inermes y en cualquier caso desprotegidos. Nuestra ética asienta en la apuesta por un deseo razonable de que no sean los mercados globales quienes digitan nuestras formas de vida locales.

Nos movemos hacia la incertidumbre del porvenir pero desde la conocida injusticia presente. La promesa de otra vida en común es, también, apuesta por lo desconocido. Pero es un desconocimiento fecundo, que nos saca del conservadurismo del “más vale malo conocido que bueno por conocer”. ¿Aceptaremos la destrucción sistemática del planeta y millones de vidas arrasadas, en nombre del mal conocido, mientras los nuevos dioses laicos siguen montando sus festines obscenos?

Las ambigüedades que atraviesan al movimiento 15M están ahí. Quizás lleven razón quienes reprochan que entre sus filas no estén muchos de los más de cinco millones de parados que hay en España o que no haya roto con un discurso ciudadanista que evita un planteamiento abierto de clase. Pero hacer evaluaciones abstractas (no situadas) es erróneo. Lo que hay que considerar es desde dónde se parte y lo cierto es que el punto de partida era una preocupante inmovilidad sociopolítica ante la arremetida neoconservadora. En esas condiciones iniciales, el impulso entusiasta del 15M tiene suma relevancia, incluso si para articularse a nivel internacional tuviera que aceptar un proceso de desterritorialización, transformándose en un movimiento global de indignados.

También deberíamos cuidarnos de las lecturas que hacen del movimiento 15M un movimiento juvenil, como si la cuestión etaria tuviera una especial importancia en un proceso de deterioro que afecta, de manera diferencial, a todas las franjas de edad de las clases populares y medias. Pensar que se trata de una mera reacción defensiva de una “juventud” acosada por el estrechamiento de sus oportunidades vitales es borrar de estas protestas todo vestigio de antagonismo social (también de clase). Más ampliamente, se trata de un movimiento plural en el que la unidad no está dada por nada positivo (como un programa o una pertenencia social homogénea, por ejemplo) sino por una confrontación sostenida ante un sistema político, económico e institucional incapaz de dar una respuesta satisfactoria a las demandas de una ciudadanía considerada de segunda mano.

A pesar de las actuaciones represivas alrededor de los indignados de diferentes partes del mundo (desde EEUU hasta Grecia, pasando por Italia, Ucrania o Chile), la política del miedo ha fracasado: las calles se han convertido en el escenario de una práctica política impensable hace tan sólo meses. Quienes pensaban que este movimiento entraría en un proceso de descomposición o en una curva de declive se equivocaron con rotundidad: por situarme de forma exclusiva en España, el 15 de octubre superó toda manifestación previa, participando más de un millón de personas en diferentes ciudades.

Contra el “giro ético” (ese desplazamiento despolitizante), el movimiento de indignados ha apostado por una repolitización radical de la sociedad. Al desprecio a la democracia que los sujetos políticos y económicos dominantes muestran, el movimiento replica con una democratización radical.

El 15M plantea otra escena ante el espectáculo siniestro de nuestros amos. Estrictamente, no escenifica nada, sino que moviliza un inconsciente político revolucionario que no sabemos hasta dónde llegará. No tenemos ilusiones sobredimensionadas: la invención de una sociedad postcapitalista es algo difuso por el momento. Pero seguirá siéndolo si no imaginamos otras alternativas políticas. Al “optimismo de la voluntad” hay que sopesarlo con la memoria de las ruinas: la destrucción diaria de cientos de miles de vidas, marginadas de forma más o menos brutal de cualquier patrón mínimo de dignidad.

La probabilidad de naufragar es alta. Lo sabemos: tanto por problemas internos como por una tendencia ya presente a criminalizar a los disidentes. Pero no hay posibilidad de cambio sin ese riesgo. Al inmovilismo indiferente preferimos el estallido pacífico de quienes luchan de forma apasionada contra el hundimiento resignado de sus esperanzas.

Al deseo de dormir cabe contraponer el deseo lúcido de soñar, incluso si ese sueño no desembocara en una utopía unitaria. Son múltiples las dimensiones implicadas en esta práctica emergente: la carencia de líderes, la apuesta por la no-violencia, su modalidad asamblearia y desjerarquizada, su posicionamiento extrapartidario, su capacidad de autoorganización y autoconvocatoria, sus aportaciones críticas a un discurso de izquierda, el despliegue de una política del cuerpo marcada por la proximidad, la atención brindada a asuntos medioambientales, la pluralidad ideológica interpretada como condición de una democracia participativa, el uso alternativo de las tecnologías de la información y la comunicación y la participación persistente de una multiplicidad de plataformas ciudadanas, por mencionar las principales.

Suele señalarse como impugnación el hecho de que el movimiento 15M no ha cambiado nada de forma estructural. Pero ese señalamiento es una forma de miopía: cambiar las modalidades de la práctica política ya es un cambio estructural, por más insuficiente que se considere. No sólo agitó las aguas del estanque; instaló en la “agenda pública” debates impensados meses atrás, como la reforma del sistema electoral, la relación entre estado y economía, entre política y finanzas, o el vínculo entre medios de comunicación y gobierno. Hay otras conquistas más puntuales, pero lo decisivo es el cuestionamiento radical que está produciendo a un orden social que produce en masa excedentes humanos.

La rebelión en estas condiciones es un acto de dignidad. Nuestro porvenir se juega en esa revuelta que no acepta vivir de rodillas. Lo imprevisible llegó a nuestras vidas cotidianas, por más que los poderes dominantes se empecinen en conjurarlo. La impotencia de esos poderes amplía nuestro (contra)poder que se gesta no de la irradiación de una autoridad sino al abrigo de esos acontecimientos colectivos (3). No conocemos nuestro desenlace, pero lejos de ser una desventaja, pone en suspenso la certeza del desastre al que nos precipita este sistema.

Lo imprevisible está aconteciendo: si el derrotismo nunca fue nuestro aliado, el hartazgo moral y el despojamiento de oportunidades vitales pueden ser una combinación explosiva. La “economía moral de la plebe”, en palabras de E. P. Thompson, ha reingresado por la puerta de atrás (de la política). Los sin-parte han llegado también en países a los que seguimos refiriéndonos con el eufemismo de “primer mundo”. Pero como dice Naomí Klein ya no hay países ricos o pobres. Lo que hay son sujetos enriquecidos/ empobrecidos, según las coordenadas en las que nos movamos. En los sin-parte late una revuelta; es su última promesa.

Es falso que técnicamente no estemos en condiciones de construir otro mundo. Lo que falta es voluntad política. En vez de aceptar una (pseudo)democracia tutelada por los saqueadores, se trata de agrietar este muro blanco que nos acorrala. Nuestra oportunidad histórica se labra ahí: en esa multitud que desea despertar de este mal sueño en el que nos han sumido. Está todo por hacer. En cualquier parte donde late un deseo autónomo hay una grieta que se abre, con todo su potencial emancipatorio, incluso si esas palabras resultan sospechosas en un contexto que les ha quitado en buena medida su legibilidad.

Es seguro que el 20 de noviembre no habrá sorpresas en las elecciones presidenciales de España. Con un nivel de abstención y votos en blanco sin precedentes, una vez más habrá sustitución de partido de gobierno sin que se altere en lo más mínimo la anatomía bipartidaria del actual sistema político. Eso no es motivo para la decepción: precisamente porque seguirán empecinados en destruir cualquier vestigio de igualdad, allí estaremos, desafiando la desesperanza que traen.


Arturo Borra

(1) Para este punto, remito al lector al artículo “15 de octubre: por la internacionalización de la revuelta”, publicado en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137378.

(2) Puede encontrarse un análisis detallado en “Democracia y revuelta: la experiencia de ruptura del 15-M”, publicado en http://www.kaosenlared.net/noticia/democracia-revuelta-experiencia-ruptura-15-m.

(3) Para un análisis del 15M como acontecimiento, puede consultarse “Democracia y revuelta: apuntes sobre una política insumisa”, en http://archipielagoenresistencia.blogspot.com/2011/08/democracia-y-revuelta-apuntes-sobre-una.html.

¡¡Tonto el que se lo crea!! (Alemania alzanza el mayor nivel de empleodesde 1990)

Nosotros que estamos en crisis, leemos algo así y nos hacen los ojos chibiritas, el corazón nos late más deprisa y soñamos con volver a tener un sueldo. El artículo poseís leerlo aquí.

Mucho cuídadito con creernos todo lo que leemos, porque la sensación que da es que en Alemania todo va guay del paraguy y todos somos super felices y tenemos trabajo. No es así. El artículo habla de que en estados como Baviera, Hesse, y Baden Württemberg pueden llegar a alcanzar el pleno empleo. Esto en mentira. No me puedo creer que esto sea verdad, por la sencilla razón de que no hay plazas de guarderías suficientes, con lo cual, muchas mujeres que desearían incorporarse a sus puestos de trabajo no puede hacerlo, o deben esperar varios años hasta poder hacerlo.

Según la wikipedia  "El pleno empleo es un concepto económico que hace referencia a la situación en la cual todos los ciudadanos en edad laboral productiva -población activa-, y que desean hacerlo, tienen trabajo. En otras palabras, es aquella situación en la que la demanda de trabajo es igual a la oferta, al nivel dado de los salarios reales."

En los tres estados mencionados arriba la situación económica es claramente mejor que estados como Berlín, o Sajonia. En estos, no es que las cosas vayan como para tirar cohetes. De hecho en Berlín la tasa de paro es del 19%, que no es precisamente poco.

La situación general de Alemania en buena y si la comparamos con la situación española es, incluso, muy buena. Aquí no escuchas por la radio que en Alemania haya crisis, ni lo lees en los periódicos. La crisis parece ser cosa de otra países, pero aún así, que la gente no se piense que aquí hay trabajo para todo el mundo y en condiciones geniales, porque no es así.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Un par de sumas facilitas

Una pequeña observación sin importancia para el mundo, pero importante para mí: Desde que en España hay Euro como moneda de pago, ha subido el precio de todo,lo único que parece no haber subido son los sueldos.
Así pues, teniendo estos datos que son bien facilitos de entender: +gastos-sueldo= ojú que justito que paso el mes. Creo que hasta aquí llegamos todos, si llego yo que, soy más bien mala en mates, llega cualquiera.

Yo creo, y esto es sólo mi humilde opinión,  hace 10 años a nadie se le hubiera ocurrido asumir un gasto de 100.000 pesetas en algo que no fuera estrictamente necesario, ya que 100.000 pesetas era un suma bastante importante de dinero.

Si decimos que los sueldos apenas han subido, y aceptamos pulpo como animal de compañía y que el sueldo medio es de 1000 euros al mes(sí, sí lo sé. En muchos casos el sueldo real dista mucho de esta cantidad, pero recordemos que hemos aceptado pulpo como animal de compañía), a nadie en su aparente sano juicio se le ocurriría coger 600 euros y tirarlos por la ventana,  nadie en su aparente sano juicio se le ocurriría destinar más de la mitad de su sueldo en algo que no sea de vital existencia.

Hoy en día 600 euros equivalen a las 100.000 pesetas de antes. Dicho así, 600 frente a 100.000 parece que 600 no es tanto. Pero no olvidemos que la equivalencia es esa.

Después de todas estas divagaciones viene mi duda: ¿Por qué motivo gente que apenas llega, en el mejor de los casos, a los 1000 euros de sueldo al mes y que posiblemente tenga una hipoteca a la que hacer frente se le ocurre permitirse el lujazo de comprarse un X tan caro? ¿Son estas las prioridades que tenemos? ¿Tanto nos engañan que somos capaces de hipotecarnos aún más por tener algo "cool"?

Miedo me dan las respuestas..

Como X entendemos cualquier aparato eléctronico tipo Ipad, Iphone y demás, que parecen estar muy de moda